el viaje de la vida
Jamás olvidaré la cena del sábado. Estar sentado a tu lado y servirte la comida - “esto está salado para ti”, “esto está rico”, “¿quieres más de esto?” – mientras miraba tu perfil ya anciano y tu pelo blanco acariciándote de vez en cuando. Y qué valor tiene tu mujer, ¿verdad?. Levantarse en mitad de la cena a leernos, de su letra de niña de ochenta años, un perdón lleno de amor por todas las veces que no estuvo y el lamento por el amor que se le fue entre los dedos, sin guardarlo para ella o regalárnoslo a nosotros.
Fue lo que fue, es lo que es, un viaje de vida con todo lo que ello conlleva. Y ahora que llegáis a viejitos tenéis el valor de aprender a hablar con el corazón, y a escuchar.
Cuando no estéis seguiré adelante, pero no solo. Llevo conmigo todo vuestro valor y vuestro amor y, sobre todo, llevo la fuerza que da gritarlo y quedarse sordo de escucharlo. No hay ninguna asignatura pendiente. Esto nuestro está limpio.
Tropezaré y me volveré a levantar, sufriré y gozaré…nada de esto me resulta nuevo, así ha sido siempre en mi vida. Soy un guerrero y esto es lo que tengo.
Fue lo que fue, es lo que es, un viaje de vida con todo lo que ello conlleva. Y ahora que llegáis a viejitos tenéis el valor de aprender a hablar con el corazón, y a escuchar.
Cuando no estéis seguiré adelante, pero no solo. Llevo conmigo todo vuestro valor y vuestro amor y, sobre todo, llevo la fuerza que da gritarlo y quedarse sordo de escucharlo. No hay ninguna asignatura pendiente. Esto nuestro está limpio.
Tropezaré y me volveré a levantar, sufriré y gozaré…nada de esto me resulta nuevo, así ha sido siempre en mi vida. Soy un guerrero y esto es lo que tengo.
