anch´io volevo dirti che...
Sentirme bien o mal es, fundamentalmente, un ejercicio de mi voluntad.
Sentirme bien es como una tabla de gimnasia para mi voluntad: la empiezo con desidia y la acabo con entusiasmo.
Sentirme mal y culpar a otros, o a las circunstancias -de las que previamente me he enajenado-, es el ejercicio preferido de mi voluntad.
En algunas cosas me repito diciendo: “no tengo voluntad”. Y lo que sucede es que la acabo de anular a conciencia para poder decirlo y verme una víctima de las circunstancias.
Cuando quiero volver a equivocarme –porque algún beneficio oculto me llevo en eso- digo: “no tengo remedio”. Y ya tengo licencia para volver.
De modo que sólo dejo de mentirme y boicotearme cuando ejercito mi voluntad en sentirme bien.
Sentirme bien es como una tabla de gimnasia para mi voluntad: la empiezo con desidia y la acabo con entusiasmo.
Sentirme mal y culpar a otros, o a las circunstancias -de las que previamente me he enajenado-, es el ejercicio preferido de mi voluntad.
En algunas cosas me repito diciendo: “no tengo voluntad”. Y lo que sucede es que la acabo de anular a conciencia para poder decirlo y verme una víctima de las circunstancias.
Cuando quiero volver a equivocarme –porque algún beneficio oculto me llevo en eso- digo: “no tengo remedio”. Y ya tengo licencia para volver.
De modo que sólo dejo de mentirme y boicotearme cuando ejercito mi voluntad en sentirme bien.
Si dejara de justificarme empezaría a verme: imperfecto pero yo.

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