6.9.06

cuenta corriente

La chica del Barclays es muy simpática y la del BBVA muy displicente. Una me despide y la otra me da la bienvenida. Me cambio de banco. Recojo mis billetes morados y los miro con todas mis atenciones. Son unos supervivientes, formidables máquinas, aliens de sangre de ácido.

Me pregunto cómo pudieron ponerse a salvo de mi voracidad consumista, de mis noches de calentón de VISA a medio camino entre los veladores del Nuncio y el retrete.

Nunca tuve dinero, no lo tengo ahora. Recuerdo, no hace muchos años, la dificultad en juntar monedas para comprar un bonobús y la facilidad con la que aparecían milquinis en mi bolsillo en cualquiera de las mil y una noches de fiesta que no eran precisamente las de Jose Luis Moreno.