7.9.06

wannabe

La verdad es que aquí sólo venimos a vivir una vida, eso es indiscutible. Incluso los que en vez de un plan de pensiones se han hecho un plan de reencarnación deben admitir que esta vida que “viven” se acaba y no vuelve más.

A mi se me aparece muy claro, muy obvio y ya indoloro. Al menos una vez –o un par- cada seis meses entro en esa dialéctica. Uno de esos días me levanto con mi muerte al lado y la miro de frente. Aunque no deja de darme escalofríos, procuro ser amable con ella que sólo está cumpliendo su misión, con la que además concuerdo.

Nos vestimos y vamos al metro, vemos a Marita, nos vamos los tres a su despacho, después tomamos un café en la planta baja, con el resto del personal, y nos vamos.

Empiezo a no pelearme con la situación, a admitir que eso es así para mí y para todos; solo que algunos –entre los que me incluía- viven en un wannabe, en un mar de oportunidades por llegar, en una sala de espera, puerta con puerta, a la felicidad. Viven en un continuo ensayo general esperando darse el visto bueno como directores de su gran obra y llevarla a una productora para venderla.

Y nunca llega, y nadie la compra.